Hace algunos años cuando trabajaba para una gran empresa,
tuve que confrontarme conmigo mismo, con mi entorno, con mis convicciones, deberes
y derechos. Poner en la balanza tantos aspectos al mismo tiempo hace estallar
cualquier cabeza, mi estructura moral y principios me decían has lo correcto,
pero en realidad ¿qué es hacer lo correcto?
Se contrató a un trabajador para
un puesto en particular, calificó y pasó todos los requisitos del proceso de
selección y capacitación para que ocupe la posición indicada. El joven
trabajador fue contratado para un periodo de prueba de 3 meses, como parte del proceso común de contratación, pero a los días se produce un incidente que me
deja contrariado sobre la manera de actuar de la empresa. Entre las
comunicaciones que van y vienen, muchas de ellas solo de forma verbal escucho
una pregunta recriminadora ¿Cómo pudieron dejar pasar a una persona que le
falta una mano? Yo en ese momento respondí de forma objetiva, que para la
posición que iba a ocupar no era requisito indispensable tener las dos manos,
sin embargo la decisión ya se había tomado, en ningún momento se me pidió consulta
alguna, solo se decidió. El joven trabajador no va más en la empresa y para
cuidar las apariencias se debía esperar los tres meses respectivos de prueba.
No sé cómo la pasó ese joven, imaginé que no tan bien supeditado a un jefe que
no podía concebir como lo habían podido dejar pasar.
Nunca sentí el apoyo de mi jefa
inmediata, menos de la gerente del área que recibió la queja de otra área de la
empresa. Me di cuenta que desde adentro de la empresa no se podía hacer nada,
las semanas pasaban, la empresa albergaba a más de tres mil trabajadores, en diferentes
sedes, en diferentes horarios. Conversé del tema con mi familia y un buen amigo,
y el veredicto era unánime, si haces algo fuera de la empresa, “te aplastarán
como a una mosca”.
Desde muy jovencito, hasta en el
colegio, algunas veces me llevaban a la dirección por contestar mal a algún profesor
abusivo con un compañero que no se sabía defender solo, mi madre decía: “y
ahora a quién defendiste”. Algunas veces me pregunto qué fue de ese jovencito.
Yo sabía que mis padres me iban a apoyar, ellos me iban a proteger. Creo que mi
forma de lidiar con este incidente, es aceptar que la madurez es un constante
aprendizaje y que debo tener la humildad de saber cuándo hacer algo y cuando
no. Recuerdo que mi esposa cuando le comenté el hecho me dijo: ¿Sabes cómo nos
puede perjudicar si denuncias este acto de discriminación?
Pero la vida me hizo recordar esa
emoción de frustración y enojo al sentir que “no hacía lo suficiente”. Lo
irónico de todo es que al final creo que el joven se fue contento por la
experiencia ganada y hasta agradecido con la empresa porque él considero que
por lo menos se le dio la oportunidad. Irónico.
Nadie más habló del tema en la
empresa. Han pasado los años y ahora enseño un curso llamado Comportamiento ético.
Sigue la ironía. Por curiosidad le pregunté a un amigo psicólogo, porqué a
pesar de haber pasado tantos años y saber que la decisión de no insistir y
dejar las cosas así, fue la correcta, para mí y mi familia, al mismo tiempo no
me siento bien con esa decisión que tomé. Este amigo psicólogo me dijo, pues
aquella decisión sería incorrecta si te sintieras bien de haberla tomado, ello
significaría que no habría ningún rasgo de conciencia ética en tus decisiones.
Recuerdo que para muchos de mis
compañeros de trabajo de aquel entonces, lo que sucedió con aquel joven solo
fue algo anecdótico, para mí nunca fue así, sin embargo es absurdo pensar que puedo volver
atrás y cambiar los hechos. Solo me queda aprender.
Por. Angel Crovetto

1 comentario:
Si bien hizo todo lo que estuvo en su alcance; pero como todos sabemos que en un trabajo siempre hay altos mandos que toman las ultimas decisiones en la organización y muchas veces no se puede contra ello apesar de que nos gustaría hacer cosas que generen valor. Aveces pueden opinar pero por qué no siguió con más?, pues creo que esas personan deberian tener una posicion similar para poder hacer esa pregunta. Realizó un buen trabajo
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